Ilias Azlou

Ilias es hermano de Hicham, mi acogido. Vive con nosotros en el Ventorrillo coruñés. Casi no habla español, así que le doy clase todos los días. Excepto los domingos, pues él mismo me dijo que los domingos son para dormir. Es un alumno serio. Lo anota todo en una libreta descuajeringada y sucia. Es pintor y, de vez en cuando, le sale algún currito, como el piso que acaba de pintar. Dice que quiere casarse con una española. Y, como todos los Azlou, es dinámico y serio. Duerme mucho, cual dama vestida de Goya. Cuando está contemplativo, dice: —Mejor clase mañana. Actitud que le he reprendido con la ayuda del árabe de Hicham. —Ilias, hay que dar clase todos los días para tener continuidad —me tradujo Hicham. Trabajar es imposible si no dominas el idioma. Sigue con tus trabajos ocasionales, pero que te quede claro que lo más importante es el idioma. También es bastante importante echarse novia. Si no, a ver cómo te vas a casar con una española.   leopoldo                        

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Trueque literario

Después de conseguirle a la Lore el contacto de Juan Carlos Heredia, presidente de la Unión de Escritores, hemos llegado a un acuerdo.

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Equipo al trueque

Después de meditar seriamente sobre el sistema adecuado para seguir escribiendo sin verme obligado a ejercer la mendicidad, la Lore y yo hemos encontrado la solución.

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Piso Miloud

Mi hermano Javi me llamó para decirme que Juan, el presidente de la comunidad, había hablado con él.

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Porros Javi

Estaba sobre las doce en la sala de lectura de Boandanza, estudiando con una seriedad bastante poco habitual en mí, cuando apareció Javi.

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Lentellas e merluza

Después de ir al Ágora con Hicham y su coche nuevo, dejé los siete libros en casa y bajé al comedor social de Boandanza.

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Fumao

Mi amigo José me ha reprendido por fumar demasiado hachís. También por hablar de ello en el blog como si fuera una excentricidad literaria.

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Kikooo

A la una y media vinieron a buscarme Ana y Santi. Íbamos a comer a la casa de Los Rosales, la misma en la que vivimos antes del divorcio.

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A las doce

Todos los días, alrededor de las doce, J. entra en la sala de lectura y me enseña lo que ha encontrado por la calle.

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Una tarde con Javi

El martes estaba trabajando en la sala de lectura de un centro social. Tenía el ordenador abierto y trataba de avanzar con uno de mis textos cuando apareció Javi.

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